martes, 17 de mayo de 2011

Primera foto - África mía

Formando un semicírculo, sobre un piso de baldosas lisas símil piedra, se ve un conjunto de hombres y mujeres negros, entre quienes se destacan por contraste un hombre y una mujer blancos. Detrás del grupo una sobria columna y más allá cuatro o cinco palmeras ubicadas a intervalos irregulares. Es un coro de Kenya o Uganda, no lo recuerdo bien, perteneciente a la Telecom de ese país (lo cual es una forma de decir, ya que se trata de Telecom de Francia o Italia, lo mismo da, en su versión aborigen).

Contra lo que podría pensarse, la foto no fue tomada en África sino en Tarragona. El fotógrafo fui yo mismo, por lo que puedo afirmar que es de julio de 1999. Era uno de los coros participantes en la Setmana Cantant de ese año. Siempre me pareció curiosa esta fotografía por algo muy peculiar, una tensión que se ve y que recién ahora, años después, percibo.

Los integrantes del grupo retratado son, en su mayor parte, lo dije, negros. Es difícil precisar cuántos son a primera vista, pero hay una fila de doce o trece, incluyendo a la mujer y al hombre blancos, y luego otra fila del mismo número. Parece que estuvieran por comenzar a cantar, o que estuvieran cantando. El hombre blanco, como ya habrán adivinado muchos, es el director del coro. Está apenas un pasito adelante que el resto del grupo y sonríe. Lo recuerdo muy bajo y algo gordito, esto último se ve claro en la foto, pero su estatura ahora me parece normal, quizás porque de manera muy planeada se ubicó entre las mujeres más bajas. También recuerdo que la mujer blanca era su esposa y acompañaba a la comitiva, pero no cantaba. El hombrecito blanco, si mi memoria no falla, era belga, flamenco. Quizás esto lo inventé con el tiempo de mirar la foto y con mis lecturas sobre el Congo, pero lo que es seguro es que si no era belga era francés, con lo cual sería de otra ex potencia colonial. Lo cierto es que recuerdo que no me cayó muy simpático, quizás a causa de su cuidada simpatía. Siempre sonriente, prolijo y atildado, se nota a simple vista que su ropa la compró en una tienda a miles de kilómetros de la tienda donde el resto del coro compró la suya. Ellos no podrían ser más africanos; él (y su mujer) no podrían ser más europeos. El coro, en semicírculo, está relajado. Cada cantante parado con naturalidad. Él también está con los hombros relajados, una sonrisa se esboza en sus labios. Sin embargo...

Recuerdo que este coro no pasó desapercibido esa semana en Tarragona. Fueron protagonistas de varias anécdotas algo escandalosas. Comentarios de juergas, orgías e inclusive situaciones de emergencia con visitas al hospital (o visitas policiales) fueron recurrentes cada mañana en el desayuno común. Los chismes corrían de mesa en mesa con una mezcla de sorpresa, indignación y envidia. Una noche se hacía una habitual fiesta en la playa, con una banda de habaneras muy catalana y una bebida caliente (cremat) con algo de ron y cáscaras de naranja, deliciosa. Allí los kenyatas se metieron al mar, de noche, aprovechando el calor del verano y la agradable temperatura del Mediterráneo, y en lo negro del agua sólo se veía el blanco de sus ojos y de sus dentaduras perfectas y sonrientes. Para los cánones occidentales las mujeres eran bastante gordas, sin excepciones (es decir, no había ni una que no fuera muy gorda) y se habían hecho un peinado típico hermoso y que no parecía permitir la entrada de ningún tipo de champú. Los hombres, por el contrario, eran altos y flacos, pero no muy dados a la conversación. El grupo no parecía tener mucho interés por confraternizar con los demás cantantes allí reunidos, pero sí hubo muchos contactos entre ellos, como si estar de viaje por el extranjero los liberara de ciertas ataduras y compromisos sociales que tenían en su tierra, y en su empresa, porque no dejaban de ser el coro de Telecom.

Volviendo a la foto tomada el último día de ese festival, recuerdo que estaban cantando, y que les tomé la foto entonces, a modo de despedida. Estábamos todos en una especie de explanada por la que se entraba al complejo en el que dormíamos, comíamos y participábamos de los talleres corales. Veamos nuevamente al director, bajito, belga, algo rechoncho, con su pelo corto rubio-grisáceo y sus anteojos prolijos. A su derecha, una mujer negra con una camisola multicolor. No lo mira, parece mirar directo a la lente de mi cámara. A su izquierda, otra mujer negra, con una camisa partida en cuatro rectángulos, negros y blancos. Mira hacia la derecha, levemente. El director, un paso adelante, tiene el pie izquierdo apenas unos centímetros hacia el frente, con la pierna semiflexionada. Parece que marcara el pulso con ese pie. En todo caso, es una figura armónica. Lleva pantalones marrones, de un marrón claro, mocasines marrones oscuros y una camisa de un rosa muy tenue, de mangas cortas. Pero, ¿qué es lo que me molesta tanto de él? Es algo quizás inocente, pero que no deja de enervarme. Lo descubro ahora, muchos años después. No es su extrema pulcritud, su autoritaria sonrisa ni la extrañeza de ver a un hombrecito blanco dirigiendo a estos coristas negros, tanto tiempo después de la época colonial.

Ajustando sus prolijos pantalones hay un cinturón de cuero. Sobre el cinturón, del lado izquierdo (o sea, del lado derecho de la fotografía) un teléfono celular. Uno de los que todavía se podían ver en el siglo pasado, bastante más grandes que los de 2011, pero que entonces parecían los más pequeños porque, de hecho, lo eran. ¿Eso era todo? Es el único que porta (en la fotografía) un celular. Pero la forma en que lo lleva, en combinación con la postura corporal del hombrecito y con el lugar central que éste ocupa en la fotografía, tan contrastante con el coro, tan dominante y controlante, tan desagradable en su superioridad europea, hace que sea inevitable verlo, en un primer golpe de vista, como un látigo.

9 comentarios:

  1. Gracias, Diego, esperamos más.

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  2. según yo el blog es el medio de comunicación para los que no tenemos disquera. mjmjmj en tu caso es un poco más perturbador. tips de bloguera vieja: agranda un poquito la tipografía y obscurece el color. blanco con letra azul metálico es cansado. recomiendo beige con letra gris.
    Te irás dando cuenta que, con el paso del tiempo, el blog, como ejercicio literario, es una ecelente herramienta de síntesis y que, eventualmente vas a dejar de transcribir escritos de papel a compu y comenzarás a escribir en formato blog. ojalá estas "pictures of you" perduren...
    big love.
    v.

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  3. una cosa más. no seas huevón y sube las fotos. está buenísimo subir las fotos. esto de la internet es una cosa visual

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  4. Me había prometido a mí mismo no responder a los comentarios, pero no puedo no hacerlo. A Anónimo le agradezco, aunque su "esperamos más" no sé si tomarlo como algo positivo o como que lo defraudé.
    En cuanto a diminui, primero pregunto qué es "disquera". Si es sello discográfico, da la casualidad de que tengo uno, precisamente. Si es "disquería", no. Por favor aclarar qué quiere decir "disquera". Gracias por tus palabras y aclaro que no puedo subir las fotos aunque quisiera porque no tengo scanner (el que tenía lo doné al Club del Disco, donde cumple la noble función de soportar una maceta) y las fotos son de la era analógica, no las tengo digitalizadas. Ya sabía que internet era una cosa visual, pero esto lo hice así a propósito. Sí es posible que cambie los colores. Aunque todo lo que sea leer pantallas me cansa. Prometo escribir de un modo más sintético de aquí en más.

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  5. Querido Diego:
    Me encanta el relato y quisiera ver la foto! Quizá también sea un buen ejercicio relatar fotos que nunca sacaste y que no tengas idea del contexto...
    Peyi

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  6. Gracias Peyi! Bien, con respecto a ver la foto, cuando nos veamos te la muestro. Como explicaba antes, no tengo los medios para subirla. Lo mejor que podría hacer es sacarle una foto y subir eso... Tu segunda idea es algo que pienso hacer también, pero claro, si me obligan siempre a subir la foto, no podría. No sé si me explico.

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  7. Es un honor, Nico. ¿No será demasiado, fan? Salud!

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  8. Gracias! Luego de ver la foto, releí el relato. Fue un buen ejercicio. Abrazo

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