Del otro lado, se lee, con letra algo infantil, pero que no podría ser del niño de la foto (claramente analfabeto): "Mi primer bagre / Quinta '76 / 4 años".
El niño de la foto soy yo. Y sí, en el invierno de 1976 no había cumplido los cinco años todavía.
Vuelvo a ver la foto. No es un bagrecito así nomás. ¿Lo habré sacado yo del agua? Quizás me picó a mí y mi papá lo sacó, y luego me adjudicó el mérito y sacó la foto. Es raro porque no recuerdo otra ocasión de pesca con él. Al contrario, tenía pasión por los pececitos tropicales y los cuidaba mucho. Aunque una cosa no quita la otra. Pero más bien me imagino la situación: el frío en el campo, un niño de cuatro años aburrido, un padre separado, un plan perfecto: ir a pescar. No fue mala idea. La pesca hace que el tiempo se deslice de una manera misteriosa y fluida. Ahora que ya olvidé lo que es el aburrimiento, celebro que se haya apiadado de mí esa tarde de sábado o domingo.
Estar aburrido es y era algo frecuente para un niño analfabeto. En esos años la televisión no estaba tanto tiempo encendida, como ahora. No había canales infantiles. Era blanco y negro (como la mayoría de las fotos que yo veía) y había que tener mucha suerte para encontrar algo interesante para niños de cuatro años. De todas formas, estábamos en el campo, en una estancia (no una quinta) y no había televisión. No creo que hubiera teléfono, tampoco. Pienso que cuando digo "en esos años" no me refiero a los de la última dictadura (si bien lo eran) sino los de mi infancia. El año 1976 ahora es imposible de separar, para los argentinos, del comienzo de esa dictadura. Pero entonces, cuando transcurría, era simplemente el año en curso: un año tan espantoso, o más, o menos, como los dos o tres anteriores, según qué adulto hablara. Y por lo general, los adultos no hablaban de eso delante de los niños. Si tuviera que hacer una lista de las cosas que recuerdo de 1976, como ejercicio de memoria, no sería una lista larga, pero incluiría varios hechos que ahora sé que fueron políticos (o históricos, a esta altura) o que derivaron de las condiciones políticas.
Hago la lista, ya mismo. Me encanta hacer listas.
Recuerdo que en el verano fuimos a San Bernardo, con mi mamá y el novio que tenía entonces. Era un hotel de Luz y Fuerza, cuyo logotipo, por así llamarlo, me asustaba un poco. Recuerdo la habitación del hotel, donde descubrí por no sé qué azar de la conversación, que había dos frutas que hasta entonces eran la misma para mí, pero que tenían nombres distintos: el durazno y el damasco. Recuerdo también el comedor y el lío que armábamos ahí los niños del hotel. Recuerdo los caramelos Sugus, en sus cuatro variedades (limón, frutilla, ananá y menta, que no me gustaba, es más, le tenía miedo). También recuerdo conversaciones sobre lo mal que estaba todo, en las que se mencionaba a Isabel. No hay más recuerdos de San Bernardo, pero no supe mucho más de ese novio, la relación no prosperó y eso me llenó de alivio por una parte (me parecía viejo ese señor) y de tristeza por otro, ya que tenía una hija apenas más grande que yo que me gustaba mucho. Acá abro un paréntesis.
(Ese novio de mamá no andaba muy feliz que digamos, en su casa recuerdo una foto de un muchacho, colgada en la pared, y recuerdo que su hija me dijo que ese era su hermano, que era "guerrillero" y había muerto en una batalla en Tucumán, lo que me llenó de confusión y temor, luego de lo cual mi madre tuvo que explicarme con cuidado y destreza de qué se trataba el asunto, cosa que no me aclaró demasiado: ¿había soldados en una guerra en Tucumán, ahora? ¿Cómo nadie me había dicho nada del asunto? ¿Ella (la niña) a los cinco años, tenía un hermano muerto en esa guerra? ¿Era de los buenos o de los malos? Parecía imposible. Y había ocurrido ese mismo año, porque este recuerdo debe ser de 1975, por eso lo pongo entre paréntesis. También recuerdo que ese mismo día, en esa vieja casa, cuando me preguntaron qué quería tomar y respondí "Coca-Cola", el novio de mi mamá dijo que no había, porque era una bebida imperialista. Lo odié mucho, en ese momento.).
Después viene un recuerdo extraño, un chiste gráfico de Landrú en La Nación, en casa de mis abuelos paternos, en el que Isabel se comía a la paloma de la paz, al plato. Quizás lo inventé yo. A continuación un discurso por televisión de Isabel, cuya voz me atemorizaba (tenía muchos miedos, entonces). Después un recuerdo de imágenes de tanques en fila (debe ser el golpe del 24 de marzo). Otros recuerdos aislados: el billete de un peso, de color naranja, con el que me podía comprar un paquete de galletitas diminuto, de Manón (¿traía cuatro galletitas, o lo estoy inventando?). Se ve que no valía mucho ese billete, que luego desapareció. En julio de ese año se fue de la Argentina Ezequiel, uno de mis mejores amigos del jardín, con sus hermanos y papás. Nos avisaron un día que se irían en barco con todas sus cosas. Muy lejos, en primer lugar a España. Y luego a Israel. Al día siguiente se fueron. Amigos queridos de mi papá también se iban. Algunos me dejaban juguetes, de regalo. Uno me dejó un juego de piezas de madera con el que se podían construir edificios en miniatura. Era de su infancia. A mí me maravillaba que tanta gente se fuera y que dejara cosas queridas en vez de llevarlas. A mi alrededor era común que la gente viajara por el mundo (salvo mi mamá y yo, que no salíamos nunca de la Argentina). Mi abuelo tenía una agencia de turismo y andaba volando de acá para allá. Pero esto era distinto; la gente no se iba de vacaciones, era algo permanente. Fulano se iba a México y Mengano a Ecuador (lo juro), y así. Quizás no fueran tantos amigos. Dos, o tres, a lo sumo. En todo caso me impresionó, porque guardo ese recuerdo.
Luego, en octubre, cumplí los cinco años y se hizo una linda fiesta, con mago y todo, en Munro, en la casa de mis abuelos maternos. No faltó una paloma que nos dejó estupefactos. En algún lugar del mundo están las fotos de ese día. Y la tarjeta de invitación fue una foto. Hoy diríamos una "producción" hecha por mi papá. Se ve al mismo niño que pescó el bagre, sosteniendo un gran cartel de cartulina escrito prolijamente a mano, con marcador, en letra de imprenta, invitando a "MI CUMPLE / EL 16/X/76. VENI!", la dirección, la hora y al pie mi nombre, de mi puño y letra, tan grande que en ese lugar la cartulina sobresale bastante. En la foto sonrío con bastante sinceridad, y se ve que llevo un pullover con motivos romboidales de diversos colores, entre los que domina el blanco, sobre fondo de color oscuro. Pero no es el mismo pullover, ocurre que estarían de moda, nomás. Me pregunto, viendo la invitación, cómo habrán hecho los compañeros de jardín para llegar a Munro, tan lejos de nuestro barrio. Creo recordar que mi papá y mi mamá, cada uno con su auto, llevaron algunos chicos hasta la casa de mis abuelos. Era un sábado, como cuando nací (gracias a los años bisiestos). Me pregunto, además, si algún niño de entonces guardará la invitación. Lo dudo.
No tengo más recuerdos de 1976, por lo menos que sepa con claridad que son de ese año: el momento de la pesca del bagre lo tengo muy difuso. Lo que es notable es que es la misma calidad de papel y el mismo brillo que la fotografía número dos, por lo que estoy en condiciones de afirmar que se trata del mismo lugar (¿Roque Pérez?) y época. Si aquella foto de los caballos tirando del carro fuera mía (cosa posible, está fuera de foco) se trataría probablemente de mi primera foto, con lo que estaríamos ante una excursión memorable: primer bagre, primera foto. Prometo, como dicen los periodistas, recabar más información.
en 1976 tenía 9 años. La maestra nos dijo que no debíamos burlarnos de Eduardo ya que le iban a poner anteojos (yo sabía que igual se/nos ibamos a burlar ya que yo tenía los propios desde los cuatro). Recuerdo a Isabel con su tocado....recuerdo que mamá la detestaba
ResponderEliminar